Dialogo de la Virgen María de Guadalupe con San Juan Diego

Amigos y compañeros de AMIESIC

En esta ocasión les enviamos este artículo del dialogo de la Virgen María de Guadalupe con San Juan Diego, para que podamos meditar en la grandeza de ser un mensajero de Dios.

Les deseamos que nuestro Señor Jesucristo nazca en su corazón.

Sean siempre felices, un abrazo 

Rosy y Jesús

  
 SAN JUAN DIEGO, MENSAJERO DE MARIA

Todo mensaje se realiza y toma fuerza cuando encuentra un mensajero que lo haga llegar a su destino. Por siglos se utilizaron las palomas mensajeras, y los “correcaminos” fuertes y leales, que por escrito o de viva voz, transmitían importantes mensajes.

Pero hubo un mensaje trascendental que el cielo planeaba enviar a México, conquistado y sometido. La fiereza de dos razas, indómitas y violentas, iba a enfrentarse de nuevo cuantas veces se suscitase alguna ocasión propicia para cruzar las armas; pero la Madre del cielo pretendía sustituir aquel fuego de pasiones que encendería la guerra fratricida, por una paz cristiana que uniese el corazón de los pueblos, la hermosa floresta de la reconciliación. Este era el mensaje para trasmitirlo a los guerreros de ambos bandos.

Había que encontrar al mensajero, y el elegido fue seleccionado al estilo del evangelio: un macehual sencillo, bondadoso, buen cristiano y con una admirable capacidad de amar todo lo que fuera bueno y de sacrificarse por lo que amaba.

Juan Diego tenía 57 años de edad, siete de haber sido bautizado por el ferviente y espiritual Motolinía, que se nombró así porque los indígenas, al ver a los franciscanos tan desprendidos de todo lo material, repetían admirados: “Motolinía”, que quiere decir “pobre”.

Juan Diego se ofreció con entusiasmo, como mensajero para llevar el mensaje al obispo Zumárraga. Pronto comprendió que no le harían caso y pidió a la Virgen que escogiese otro mensajero más capaz.  

La Virgen sin embargo, lo confirmó en su elección:

“Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad: pero es todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad: que tiene que poner por obra el templo que pido. Y otra vez dile que yo en persona, la Siempre Virgen María, Madre de Dios, te envía” 

Juan Diego como mensajero de María, muestra grandes méritos y mejores virtudes. La desconfianza en sus capacidades de “escalerilla de tablas” era grande; pero no tanto como su confiada seguridad en el poder y verdad de la Señora que le hablaba. Cuando estaba con ella y escuchaba sus razones, sentía que nadie podía cambiar las órdenes que la Virgen le daba. Pero al percibir la duda del señor Obispo, sentía que estaba siendo él un duro obstáculo para que se realizase la petición de María: aquella “casita pequeña” donde pudiese recibir a los hijos que llegasen a contar sus pesares.

Gozaba Juan Diego porque la Señora del cielo lo había hecho mensajero de tan buenas nuevas. Al realizar esta encomienda se iba templando su carácter y fortificándose la virtud sobrenatural, que lo preparaba para ser declarado un día Santo de la Iglesia Universal.

Datos tomados del libro “Juan Diego, arte y espíritu” de Xavier Escalada S.J.

Ahora, por la gracia de Dios, tenemos otro santo mexicano: San Juan Diego.

Lo que queremos hacer notar es la fuerza que tiene la Virgen María en las palabras donde le indica que él es el elegido, que se presente con decisión ante el Obispo pidiendo el templo, y diciendo quien le manda.  

Es la Madre que forma al hijo en su identidad, fortaleza y en la decisión de alcanzar metas. La Virgen de Guadalupe es nuestra Madre, no nos separemos de Ella y sigamos sus consejos. 

Elaborado por los Mtros. Rosa María Ongay Larios y José de Jesús Zenil Nogueira.

 

 

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