Aprendizaje – Servicio – Anáhuac MAYAB

Aprendizaje – Servicio

Una metodología pertinente para la formación humanista universitaria

Desde que en 1921 el filósofo y pedagogo norteamericano John Dewey destacara la importancia para el aprendizaje de la unidad entre teoría y práctica, y fundara en la universidad Antioch College (Ohio, E.E.U.U.) el Programa de Educación y Trabajo, que establecía prácticas profesionales de servicio comunitario para los universitarios en organizaciones externas prestadoras de servicios en el campo de la salud, educación y áreas afines, la metodología llamada Aprendizaje – Servicio se ha hecho cada vez más necesaria para la formación humanista.

México es país pionero en el desarrollo de esta metodología. La Constitución de 1910 estableció en su artículo 5º el requerimiento de un servicio social obligatorio a ser prestado por los profesionales y estudiantes próximos a recibirse como licenciados en las universidades mexicanas. Comenzaron las primeras experiencias de servicio estudiantil en 1936, en la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1945 se definió el concepto de servicio social y se reglamentó para todo el país como una actividad de carácter temporal, obligatoria, como requisito previo para la obtención del título universitario, vista como retribución en beneficio de la sociedad y del Estado mexicano. Los universitarios mexicanos deben cumplir entre 100 y 300 horas de servicio social, normalmente en el último año de licenciatura, procurando que tenga relación con su carrera, y el cual tiende a favorecer el desarrollo de la conciencia social en los futuros profesionales y coadyuvar a superar una concepción fragmentada de la realidad en relación a la producción de conocimiento.

El concepto y la metodología actual del Aprendizaje – Servicio nacieron en Estados Unidos con William Ramsay, Robert Sigmon y Michael Hart (1967) en el marco de las instituciones de educación superior, por la doble necesidad de relacionar la docencia con el compromiso social, inherente al espíritu universitario, y de preparar a los universitarios a vivir de forma eficaz en un mundo cada vez más complejo y competitivo.

Básicamente enseñar según el Aprendizaje – Servicio consiste en incorporar la metodología de un proyecto de servicio comunitario al programa educativo institucional, departamental, académico y del servicio social. Esto implica relacionar la teoría impartida con las cuatro acciones específicas de todo proyecto: a) diagnosticar necesidades de un sector social, b) diseñar un plan de acción para paliar tales necesidades; c) ejecutar las acciones previstas en el plan; y  d) evaluar el impacto obtenido.

La sistematización de esta metodología propia del Aprendizaje – Servicio llegó en las décadas de los 70’s y de los 80’s cuando encontró fuerza en experiencias universitarias que se desarrollaron en países como España, Alemania y Estados Unidos, con resultados de aumento en la retención escolar y autoestima y motivación de los estudiantes, así como reducción de los niveles de fracaso y de violencia escolar.

Desde los 90’s se difunde por América Latina, sobre todo en niveles preuniversitarios, por medio de proyectos comunitarios por parte de gobiernos y escuelas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Venezuela. El Aprendizaje – Servicio que aplican estos países prácticamente no está integrado de manera global al currículum institucional, sino de manera parcial a áreas o disciplinas concretas. Argentina, especialmente, es el país latinoamericano que hasta la fecha ha desarrollado más esta metodología, partiendo de la enseñanza universitaria, pero involucrando por medio de programas nacionales a todos los niveles escolares y a las escuelas tanto públicas como privadas presentes en su territorio.

Actualmente en México existen múltiples programas informales de servicio social, de ayuda humanitaria e incluso de apostolados y acción pastoral en centros universitarios tanto públicos como privados, la mayoría de inspiración cristiana. Sin embargo, existen pocos programas formales de Aprendizaje – Servicio o que aplican esta metodología científicamente validada, como los programas del Tecnológico de Monterrey; y en instituciones de inspiración cristiana, el de la Universidad de Montemorelos (Nuevo León) y el programa ‘Humanizar sirviendo’ que aplica desde 2008 la Universidad Anáhuac Mayab (Yucatán) a nivel institucional y académico para favorecer el desarrollo de competencias relacionadas con el liderazgo humano y cristiano en los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

Las investigaciones realizadas sobre esta metodología reportan efectividad en prácticamente la totalidad de los aspectos que abarca la educación integral, así como un gran beneficio social, como es la vinculación entre empresas y sociedad mexicana por medio de la acción solidaria de futuros empresarios y trabajadores que aplican en su trabajo los fundamentos del humanismo cristiano.

Hay valores que sólo se aprenden en el contacto inmediato con la realidad social, y esta metodología contribuye de manera especial a su desarrollo, por lo que resulta muy recomendable su aplicación en el contexto universitario, especialmente en los de inspiración cristiana.

Dr. David Vegue Corbacho

Universidad Anáhuac Mayab

 Referencias

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